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Pink Floyd, 50 años después: cómo hacer música popular y de calidad

El 4 de agosto de 1967 Pink Floyd editaba su primer álbum, “The Piper At The Gates Of Dawn”, e iniciaba un viaje que elevaría los estándares de la música para amplios públicos a límites insospechables

Portada de “The Piper At The Gates Of Dawn” de Pink Floyd
Portada de “The Piper At The Gates Of Dawn” de Pink Floyd

Puede el estado mental de una persona forjar el sonido de una banda? Consciente o no, eso fue lo que hizo el cantante y guitarrista Syd Barrett cuando abrió las puertas de la psicodelia inglesa y llevó a sus compañeros, el bajista Roger Waters, el tecladista Rick Wright y el baterista Nick Mason a un viaje turbulento, lisérgico y misterioso que desembocaría en un inesperado legado musical. Había nacido Pink Floyd.

A fines de la década del ’60, el cuarteto oriundo de Cambridge, Inglaterra, fuertemente influenciado por movimientos artísticos ajenos a la música, como el surrealismo, la ciencia ficción y la literatura fantástica, elaboró unas composiciones que invitaban a la improvisación. Sus primeros shows solían durar horas y estaban acompañados de juegos de luces y proyecciones de diapositivas totalmente innovadoras para la época. Eran una experiencia única, un “sueño tecnicolor”, como se llamó al recital que dieron el 29 de abril de 1967 en el Alexandra Palace junto a otros artistas de la escena underground de Londres, registrado por el director Peter Whitehead en su película Tonite Let’s All Make Love In London.

Mientras toda la movida universitaria y bohemia de Inglaterra se deshacía en elogios, Pink Floyd grababa su álbum debut en los estudios Abbey Road, donde al mismo tiempo The Beatles daba forma a Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Pink Floyd
Pink Floyd

Producido por Norman Smith, primer ingeniero de sonido de los Fab Four, The Piper At The Gates Of Dawn no refleja el sonido de Pink Floyd en vivo sino que es una obra maestra del pop. Sus once canciones, que en directo podían superar los diez minutos, en el disco tienen la duración ideal para sonar en las radios (a excepción de la instrumental “Interstellar Overdrive”, que tiene nueve minutos). Eso sí, como en todas las composiciones de Syd Barrett, las letras eran crípticas y a la vez infantiles, y parecían hablar de cosas tan banales como el espacio (“Astronomy Domine”), las bicicletas (“Bike”) y hasta de su propio gato (“Lucifer Sam”). El crítico musical Bob Stanley las define como “letras de Lewis Carroll que invitan a pensar en tazas de té con gotas de algo más”.

The Piper At The Gates Of Dawn consumió a Barrett completamente. Al poco tiempo de la grabación, su inestabilidad, agudizada por un consumo excesivo de LCD, se volvió incontrolable y quedó inmerso en una profunda locura que lo dejó recluido hasta el resto de sus días.

A fines de 1967 la banda había convocado al guitarrista David Gilmour para que cubriera los espacios que dejaba Syd, que en un recital llegó a quedarse petrificado frente al escenario sin tocar ni cantar palabra alguna, y para principios del ’68 el resto de sus compañeros había decidido dejarlo afuera del grupo. Los biógrafos cuentan que, camino a un recital, optaron deliberadamente por no ir a buscarlo a su casa y de ahí en más Gilmour ocupó su lugar. La última vez que se pudo escuchar la voz de Barrett fue en “Jugband Blues”, el tema que cierra el segundo álbum de Pink Floyd, A Saurceful Of Secrets.

Portada de “Atom Heart Mother ” de Pink Floyd
Portada de “Atom Heart Mother ” de Pink Floyd

A partir de ahí Pink Floyd se embarcó en la búsqueda de una nueva identidad que los alejó del rock psicodélico y los acercó al progresivo para terminar convirtiéndose en una de las bandas más importantes e influyentes de la historia. En el camino por encontrar su sonido definitivo, grabaron el experimental Ummagumma y tres bandas sonoras (la música de la película de Michelangelo Antonioni Zabriskie Point y los álbumes More y Obscured By Clouds, editado en 1972).

Su quinto disco, Atom Heart Mother (1970), lleva el nombre de la compleja pieza de veintitrés minutos grabada con orquesta que ocupa el lado A del LP. La otra cara está integrada por tres canciones más simples (“If”, “Summer Of ’68” y “Fat Old Sun”) y un final instrumental que tiene efectos de sonido de la preparación de un desayuno, con la pava hirviendo y la panceta friéndose al principio del tema (“Alan’s Psychedelic Breakfast”). El álbum quedó en la historia por su tapa, que era la foto de una vaca sin ningún texto que hiciera referencia a la banda. Fue diseñada por Storm Thorgerson del estudio de diseño Hipgnosis, responsable de todo el arte de los discos del grupo inglés.

Meddle, que vio la luz en el ’71, anticipó el sonido que haría grande a Pink Floyd en los siguientes álbumes. De nuevo, hay una suite de veintitrés minutos, “Echoes”, menos pomposa pero igual de sofisticada que “Atom Heart Mother”. Es un hito del rock progresivo que muestra la capacidad del cuarteto de componer canciones larguísimas que se escuchan con la misma facilidad y frescura que cualquier canción de rock de tres minutos. Para presentar este álbum, la banda fue filmada tocando sin público en el anfiteatro de la antigua ciudad romana de Pompeya, en medio de las ruinas, los cuerpos petrificados y unas vistas extraordinarias del volcán Vesubio.

Portada de “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd
Portada de “The Dark Side Of The Moon” de Pink Floyd

En 1973 el grupo se hizo mundialmente famoso con el álbum The Dark Side Of The Moon, una obra conceptual sobre los miedos de la sociedad, como la soledad, la muerte, la vejez, el egoísmo y, en clara referencia a Barrett, la locura. Es un disco que, con su producción cristalina y una delicada ingeniería de sonido de la mano de Alan Parsons, tiene de todo y no le sobra nada: sonidos de latidos y relojes (“Speak To Me” y “Time”), sintetizadores psicodélicos que coquetean con la música concreta (“On The Run”), un solo vocal impresionante de la mano de la corista Clare Torry (“The Great Gig In The Sky”), voces de gente común hablando de sus propios temores (desde el portero de los estudios Abbey Road hasta Paul y Linda McCartney, aunque sus testimonios finalmente quedaron fuera del disco) y el que probablemente sea el único hit de la historia construido sobre un tempo de 7/4 (“Money”).

The Dark Side Of The Moon vendió más de 35 millones de unidades en todo el mundo y se estima que uno de cada cinco hogares ingleses posee una copia del disco. Desde su edición hasta hoy pasó 927 semanas en el ranking Billboard, un récord que ni siquiera The Beatles y Michael Jackson pudieron alcanzar.

Al poco tiempo, el grupo trató de paliar la masividad con un álbum que iba a ser grabado exclusivamente con objetos cotidianos y que llevaría el nombre de Household Objects. El proyecto no llegó a ningún lado y quedó trunco. Sólo pudieron rescatar el sonido armónico de unas copas de cristal para la introducción de “Shine On You Crazy Diamond”, dedicada a su antiguo frontman, al igual que una de sus baladas más hermosas, “Wish You Were Here”, que le da título al álbum que editaron en 1975.

Era evidente que los miembros de Pink Floyd todavía no podían dejar atrás a Syd Barrett, quien durante la grabación de este LP se apareció en el estudio de manera inesperada. Subido de peso y con el pelo y las cejas afeitadas, estaba irreconocible y sus ex compañeros tardaron en darse cuenta quién era. Se quedó en silencio hasta que en un momento se paró y preguntó: “¿Cuándo entro yo con mi guitarra?” Quienes estuvieron presentes cuentan que Waters quebró en llanto, pero eso no alcanzó para que lo invitaran a tocar.

Portada de “Animals” de Pink Floyd
Portada de “Animals” de Pink Floyd

Recién con Wish You Were Here el cuarteto logró exorcizar los demonios que lo atormentaban desde la expulsión de Barrett. En esta nueva etapa, el bajista asumió un control cada vez mayor sobre la música y las letras, e incorporó más contenido político a sus canciones.

Animals, editado en 1977, es una diatriba contra el sistema capitalista con reminiscencias a Rebelión En La Granja de George Orwell. La portada del álbum es la foto de un cerdo sobrevolando la planta de energía de Battersea en Londres, un edificio que representa mejor que ninguno la revolución industrial y que hoy es patrimonio arquitectónico de la ciudad gracias a su inmortalización en el disco de Pink Floyd.

El chanchito inflable, por su parte, se incorporó a los shows en vivo, que sumieron a la banda en una profunda contradicción. A pesar de que la puesta en escena de los recitales era cada vez más teatral, ellos ya no soportaban tocar en estadios. El hartazgo era tan grande que una noche Waters escupió en la cara a un fan que no paraba de gritar al escenario. Las tensiones internas habían quedado al desnudo y el bajista declaró que no quería volver a tocar si no era detrás de una pared. Había nacido el concepto de The Wall.

El proyecto más ambicioso de Pink Floyd fue una ópera rock que contaba la historia de un rockstar llamado Pink, inspirado tanto en Syd Barrett como en Roger Waters, que decide aislarse de la sociedad y de sus sentimientos construyendo un muro en su mente. Cada uno de los embates que había recibido en su vida -la pérdida de su padre en la Segunda Guerra Mundial, la sobreprotección de su madre, el abuso de sus maestros y la infidelidad de su esposa- constituían los ladrillos que lo mantenían sumergido en su propio mundo. El álbum doble incluía unas ilustraciones del dibujante Gerald Scarfe que le daban a la historia más oscuridad y que, cuando cobraron vida en la película dirigida por Alan Parker, se incorporaron de lleno en la cultura popular de Occidente.

Syd Barrett en 1975
Syd Barrett en 1975

The Wall fue presentado en vivo con una serie de shows sin precedentes en los que, mientras la banda tocaba inmersa en efectos especiales, pirotecnia y muñecos inflables gigantes de los personajes de Scarfe, se iba construyendo un muro de 50 metros de ancho por 10 de alto que era derrumbado al final del show. Roger Waters revivió esta gira en 2010 y en la Argentina llenó el estadio de River Plate nueve noches consecutivas.

A pesar de que en su momento The Wall superó el éxito de The Dark Side Of The Moon y de que tiene algunas de las composiciones más importantes del repertorio floydiano, como “Another Brick In The Wall” y “Comfortably Numb”, la banda se estaba desmoronando.

Su siguiente trabajo, titulado The Final Cut, es prácticamente un proyecto en solitario del bajista, el último que grabaría con sus compañeros. Se trata de un manifiesto antibélico inspirado en conflictos internacionales, como la invasión de la Unión Soviética a Afganistán y la Guerra de Malvinas. En la canción “Get Your Filthy Hands Off My Desert” se mencionan a Leopoldo Galtieri y a Margaret Thatcher.

Ilustración de Gerald Scarfe para “The Wall”
Ilustración de Gerald Scarfe para “The Wall”

Con Waters fuera de la banda y encarando una carrera solista, David Gilmour, Nick Mason y Rick Wright reclutaron a otros músicos y letristas para mantener vivo a Pink Floyd. Hicieron giras muy lucrativas y grabaron dos álbumes, A Momentary Lapse Of Reason (1987) y The Division Bell (1994), que si bien conservaban la esencia del grupo, tenían una pátina de new age y new wave que aportaban algo que en el sonido de Floyd siempre había escaseado: sensibilidad y humanidad.

Sólo una causa noble como reclamar a los países más ricos que le perdonen la deuda a los más pobres pudo volver a reunir a los cuatro miembros de Pink Floyd sobre un mismo escenario. Así fue como en 2005, a 24 años de su último recital juntos, volvieron a brillar en el megaconcierto benéfico Live 8 organizado en Londres. El set fue corto, pero conmovedor e irrepetible. Un año después, Syd Barrett fallecía a los 60 años, mientras que en 2008 Rick Wright perdía la lucha contra el cáncer. Waters y Gilmour, por su parte, continúan con sus exitosas carreras solistas. El primero acaba de sacar su primer álbum con material original en 25 años (Is This the Life We Really Want?) y el segundo editará en septiembre un disco en vivo de la gira mundial que lo trajo por primera vez a la Argentina en diciembre de 2015.

Pink Floyd demostró que se podía conquistar a las masas con música intrincada y de calidad y que era posible adentrarse en nuevos territorios sin perder sus orígenes. A medio siglo de su debut y quince álbumes después, terminó siendo lo que Syd Barrett tuvo en mente desde el principio, una banda de pop experimental.

Fuente : infobae

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