Bullrich profundizará sus críticas al Gobierno: ¿quiere enfrentar a Milei en elecciones?

La jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza (LLA), Patricia Bullrich, profundizará sus críticas al Gobierno que ella misma integra si este no modifica algunas de las variables del plan de gestión e incluso el método de conducción de los equipos libertarios. Bullrich es una voz disonante que altera los planes de sus propios jefes, los Milei, quienes intentan instalar entre los suyos la uniformidad de un discurso que ella rompe con frecuencia. La senadora mantendrá la misma postura; la tregua con la Casa Rosada solo se producirá si existen cambios en el programa económico y en la dinámica del espacio oficialista. Su posición es audaz y rompe los esquemas de un Javier Milei que se mostró con ella, hasta ahora, más tolerante que con cualquier otro dirigente que se haya animado a desafiarlo. Aunque se cuida de cuestionar al Presidente en público, sus observaciones ante temas de actualidad cada vez más frecuentes y diversos hacen evidente que la convivencia se tensará aún más. Es lo que ella misma prevé que sucederá.

Bullrich profundizará sus críticas al Gobierno: ¿quiere enfrentar a Milei en elecciones?

La titular de la bancada de LLA en la Cámara Alta y exministra se pondrá al frente de la discusión para que el Ejecutivo garantice los recursos necesarios destinados a financiar la ayuda a las personas con discapacidad. Su última gran discordia con Balcarce 50 se generó por diferencias ante esa temática de alta sensibilidad, y la tensión continuará. Bullrich no se quedará callada ante nada que la ponga en conflicto con su electorado, sus principios y una convicción profunda: «Hay que tomar medidas urgentes para que mejore la economía. Si no lo hacemos, el modelo se rompe. ¿Va a volver el peronismo? No voy a permitirlo y voy a trabajar para que eso no pase: el Gobierno tiene que ceder en su intransigencia», se sincera en confianza cuando le preguntan por qué actúa de esa manera.

Su postura crítica genera intrigas en el Gabinete, el empresariado y hasta en el sector más informado de la opinión pública. ¿Qué pasa con Bullrich? ¿Se prepara para enfrentar en las urnas al mismísimo Javier Milei? Esas dudas se potenciaron cuando ella misma no descartó de modo tajante ser candidata a la Presidencia en 2027: «La historia me pondrá en el lugar que deba estar», le respondió a fines de esta semana al periodista Eduardo Feinmann al ser consultada sobre esa posibilidad.

Bullrich juega al límite, pero en la intimidad plantea matices sobre su objetivo final: “No enfrentaría jamás a Javier en una interna. Pero él tiene que llegar con posibilidades reales a la reelección. ¿Y si no pasa? ¿Me voy a quedar callada y sentada solo porque hay que obedecer sin cuestionar?”, se animó a contestar a quienes intentaron conocer su pensamiento, en reuniones privadas y de acuerdo con fuentes que la tratan a diario. En ámbitos de poder se discute también si su rebeldía no forma parte de una estrategia acordada con el propio Milei para estructurar el debate político y minimizar así a la verdadera oposición. “No, nada que ver, ¿cómo podría acordarse algo así?”, explica la legisladora, según dirigentes de su círculo más leal.

La decisión de transformarse en una observadora crítica de lo que considere dañino para el proyecto libertario gira alrededor de un análisis propio y contundente: “Loco, la economía se está paralizando y no estamos preparando ninguna medida para revertirlo. Peor aún, siguen intransigentes con el recorte a los fondos para la discapacidad. Por ese mismo tema la oposición llevó al país al borde del abismo el año pasado y nos rescató Estados Unidos. ¿Cómo no se dan cuenta? Hay que dejar de pensar en las internas. No haber incluido la plata para Discapacidad en el Presupuesto no es una operación contra algún funcionario puntual, es una medida que afecta a la sociedad».

La exministra de Seguridad disiente con el titular de Economía, Luis Caputo, sobre las causas reales y palpables del programa oficial. “Toto” cree que la falta de orden en la política libertaria termina por afectar la estabilidad económica. Para Bullrich, el diagnóstico es exactamente el contrario: sostiene que es una economía caótica la que desordena a la política. Por eso se mostrará cada vez más disidente en las discusiones necesarias para garantizarle el éxito electoral a la Casa Rosada.

Las últimas dos semanas registraron el nivel más alto de conflictividad interna entre la senadora y el resto del Gobierno. Se quejó porque nadie le advirtió que el proyecto de Presupuesto no incluiría los fondos para Discapacidad acordados con los aliados, pero también se diferenció cuando cuestionó el pedido de juicio político a la jueza porteña que falló en contra de la baja de la edad de imputabilidad. Y, lo que resulta más incómodo para los Milei, hizo una defensa pública de un grupo de periodistas condenados a cinco días de detención tras hacer una cobertura crítica de la gestión de Gildo Insfrán en Formosa.

El Presidente Milei había publicado en sus redes una frase típica de las que utiliza para describir a la prensa: «Basuras inmundas con micrófono», escribió en X en referencia a la polémica desatada en la provincia que el dirigente peronista gobierna hace tres décadas con métodos feudales. «La libertad de prensa se respeta», fue el concepto que utilizó Bullrich sobre este episodio institucional. Son palabras que ningún otro referente de la cúpula de LLA se atreve a pronunciar en público. ¿Será cierto, tal como aseguran dos ministros nacionales, que Milei afirmó en una reunión de Gabinete que «en este Gobierno, el que defienda a periodistas será considerado un traidor»?

Bullrich sabe que con esta última diferenciación del discurso presidencial podría provocar el enojo total de la Casa Rosada. Sin embargo, siempre que no sea en una entrevista, marca un nuevo límite con el Ejecutivo: «¿Cómo voy a ponerme del lado de Insfrán?». ¿Acaso no teme que los Milei la terminen expulsando del espacio si mantiene este rumbo? «No me van a echar, ni yo quiero romper. Si me obligan a pararme enfrente, saben que pagarán un costo demasiado alto, tanto electoral como político». Así justifica su juego al límite extremo de la paciencia de los hermanos Milei, según lo que afirman sus asesores más allegados.

Bullrich se sentará mañana en la mesa de la reunión de Gabinete que encabezará el propio Presidente. Y el martes volverá a Balcarce 50 a discutir con sus compañeros de la Mesa Política los pasos a seguir en medio del sacudón interno que genera su nueva postura. Está tranquila: «Esta semana saqué en el Senado la Reforma de la Carta Orgánica del BCRA y logramos mayoría para el proyecto de zonas frías. ¿Entonces alguien puede poner en duda mi lealtad?».

Eso sí: habrá nuevas iniciativas del oficialismo que no dejará pasar sin los cambios que considere necesarios. Hay modificaciones propuestas por sus equipos o por senadores libertarios, y otras que son concesiones al resto de la Cámara Alta, vitales para conseguir una mayoría de votos favorables.

Por ejemplo, suele sorprenderse de que el Gobierno no haya incluido al Ministerio de Seguridad, conducido por Alejandra Monteoliva, dentro de un nuevo organismo llamado Consejo de Seguridad Nacional, que busca crear mediante el Proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional. «Es otra muestra de la descoordinación que tienen en la Casa Rosada con los proyectos que envían al Congreso. Seguridad va a integrar ese Consejo, vamos a incorporar al Ministerio donde corresponda que actúe», fijó postura ante otros senadores que la consultaron sobre el tema.

¿Y si el Gobierno cambia, aceptará una convivencia pacífica con los Milei? La senadora no lo duda. Los gestos de la Casa Rosada hacia ella, al menos los públicos, buscaron desescalar cualquier conflicto con la jefa del bloque en el Senado. El miércoles pasado, por ejemplo, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, invitó a todos los legisladores libertarios de la Cámara Alta a cenar en un restaurante de comida japonesa en Villa Urquiza. Asistieron también el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y la propia Patricia Bullrich.

El encuentro parecía ser la muestra del retorno a la unidad total entre la exministra y el Poder Ejecutivo. No lo fue, tal como quedó demostrado días después cuando volvió a tomar distancia del discurso oficial. Así será de aquí en adelante. Quienes compartieron la mesa con ella, Karina y Menem tal vez notaron indicios de lo que pasaría: Bullrich habló poco y no comió sushi. No le gustó.

Periodista especializado en Política nwinazki@clarin.com

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