Camila Vecchiarello tenía un sueño que pocos conocían en detalle, pero todos reconocían en ella una constancia inquebrantable para cumplirlo. En febrero pasado, recibió la noticia que marcó un cambio radical en su vida: fue aceptada en la formación de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA). A los 26 años, dejó Rosario y se trasladó a San Juan para iniciar una nueva etapa.

Además de su vocación hacia el servicio, Camila bailaba folclore y cursaba la carrera de enfermería, a dos materias de recibirse. Proveniente de una familia dedicada a la sanidad, su círculo cercano destacaba su profundo amor por el cuidado, especialmente hacia las personas mayores.
“El ingreso a Gendarmería era para jóvenes entre 18 y 25 años, por lo que para Camila era probablemente su última oportunidad”, explicó a Clarín Matías Vecchiarello, uno de sus cuatro hermanos. Camila se destacó en el curso básico realizado en la sede de Barreal, San Juan, durante todo el año.
Su familia desconoce con exactitud cuándo y cómo conoció a Carlos Gonzalo Rivero, de 25 años, aunque saben que al poco tiempo de relación ya convivían y se habían casado formalmente. “Ella luchó siempre por sus metas y estaba a punto de recibirse de enfermera. En el velorio nos hablaron de lo brillante que era, de su pasión y vocación”, remarcó Matías.
No había antecedentes ni denuncias por violencia en la pareja. Sin embargo, compañeros de la formación señalaron un cambio en Camila desde que inició su relación con Rivero. “Ella era libre, independiente, feliz, dulce y respetuosa; él, todo lo contrario”, indicaron.
Elio Vecchiarello, otro hermano, afirmó a Tiempo de San Juan que Camila ayudaba a sus compañeros cuando tenían dificultades en el curso. Para él, el crimen fue claramente un femicidio: “Fue odio a la mujer porque él quedó afuera, mi hermana fue superior en todo y él no lo pudo aceptar”. Rivero había sido separado del Instituto de Formación de Barreal por bajo rendimiento académico, sin posibilidad de ingresar a la GNA, notificación que habría recibido el 25 de agosto, tres semanas antes del asesinato.
En la audiencia de formalización, Rivero declaró que el día del crimen discutieron porque había decidido regresar a su casa. Según su versión, ella reaccionó con agresividad e incluso se autoinfligió las heridas con un cuchillo. “Me dijo que si yo me iba, ella se mataba”, relató, mientras afirmaba que intentó impedir que se lastimara y que luego quiso quitarse la vida por la culpa. Sin embargo, este relato contradice las evidencias recolectadas por la investigación, que demuestran que Camila recibió diez puñaladas, algunas en el cuello que comprometieron la yugular y la tiroides, durante un ataque violento en el que intentó defenderse.
La justicia dispuso 12 meses de prisión preventiva para Rivero, quien está imputado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y violencia de género. La causa apunta a que el femicidio ocurrió en un contexto de violencia de género, y que Camila estaba embarazada al momento del ataque. Además, durante la investigación se hallaron mensajes de Rivero dirigidos a una ex pareja y a sus familiares, en los que expresaba depresión, y críticas a Gendarmería.
Elio Vecchiarello también expresó dudas sobre mensajes enviados desde el teléfono de Camila en las horas previas al hallazgo del cuerpo, específicamente pedidos de dinero relacionados con un baile en el escuadrón. Asimismo, narró que Rivero, tras el crimen, además de arrastrar el cuerpo y provocar desorden en la casa, salió a la mañana siguiente a tomar mate y saludar a los vecinos para mostrarse tranquilo.
Este femicidio conmociona a la comunidad de San Juan y Rosario, mientras la causa sigue abierta para esclarecer definitivamente las circunstancias y responsabilizar al culpable conforme a la ley.
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