La situación ocurrió en la nave, el playón interno donde se encuentran la sala de conferencias de prensa, los vestuarios, algunas oficinas administrativas y el estacionamiento de los futbolistas. Fernando Miele se acercó a ese sector, generalmente reservado para los dirigentes, y fue apartado de manera abrupta por personal de seguridad, quien le informó que se trataba de una orden del intendente Pedro Criscolo. En ese momento, el clima ya estaba tenso tras la derrota de San Lorenzo ante Huracán.

A pesar de esto, el exmandamás del club, figura clave en la construcción del Nuevo Gasómetro inaugurado en 1993 y presidente entre 1986 y 2001, expresó a Clarín su voluntad de colaborar con la institución. Su impulso surgió a partir de las declaraciones del actual presidente, Marcelo Culotta, quien afirmó que “el que quiera ayudar, que venga y ayude”.
Miele fue contundente respecto a la situación actual: “Nosotros tenemos sponsors. Y ya que dijeron que el club es de los socios, que sea realmente de los socios. San Lorenzo no puede tener este equipo. Contamos con numerosos patrocinadores, pero evidentemente hay que dejar de lado la soberbia. El dirigente debe entender que el club debe estar ordenado, con estacionamiento e infraestructura, algo fundamental y hacia lo que apuntamos. No podemos perder tiempo ni esperar tres años hasta las elecciones, no queremos ser oposición de nadie. Lo que queremos es que San Lorenzo se mueva, como cuando armamos un gran equipo para ser campeones, cuando construimos la cancha y el gimnasio. Tenemos que volver a eso, aunque hoy el club está muy contaminado”.
El histórico dirigente, de 78 años, genera reacciones encontradas. Por un lado, los hinchas reconocen su gestión, que incluyó el estadio Pedro Bidegain y equipos competitivos que lograron los torneos Clausura 1995 y 2001, además de la Copa Mercosur. Por otro lado, no le perdonan haber acercado a la firma suiza ISL (International Sport and Leisure) para explotar la imagen del club por una década, con prórroga por otros diez años. La protesta popular se expresó el 30 de noviembre de 2000 con la consigna “San Lorenzo no se vende”, y desde entonces esa fecha fue declarada el “Día del Hincha”.
A casi 26 años de aquel episodio, el club enfrenta un pasivo de 67 millones de dólares y una crisis institucional que lo afecta profundamente. Miele sostiene que cuenta con inversores. Incluso, días después de que Culotta ganó las elecciones con 4.110 votos, se reunió junto al vicepresidente primero, Juan Manuel Campos Cvitkovic, para ofrecer fondos destinados a la refacción del predio de concentración del estadio, con el fin de reducir los exorbitantes gastos de alojamiento previos a los partidos en el Hotel Marriott. Quedaron en continuar el diálogo, pero no se registraron nuevos contactos.
“San Lorenzo es un club político y resulta muy difícil lograr consensos. Se perdió el valor social y eso debe recuperarse”, afirma Miele. Además, ofrece una mirada crítica sobre la Vuelta a Boedo: “Los cuatro o cinco años que llevará construir un estadio nuevo no tienen sentido. Es mejor agrandar la cancha, crear nuevos palcos y generar ingresos para el club, que hoy no los tiene”.
Actualmente, San Lorenzo consiguió fondos para operar durante los primeros 90 días de la gestión Culotta gracias al adelanto de pagos por parte de empresas y a la venta del defensor Jhohan Romaña al León de México por 800 mil dólares.
La dirigencia informó que, en la nueva política del mercado de pases, los contratos se establecen en términos brutos, trasladando la carga fiscal a los jugadores y estableciendo un tope en dólares al cambio oficial. Excepto Danilo Arboleda, por quien se pagaron 350 mil dólares a Banfield, el resto de los refuerzos arribaron libres o en calidad de préstamo sin cargo: Juan Pablo Álvarez, Emiliano Amor, Gustavo Del Prete, Martín Río e Ignacio Zaballa.
Néstor Gorosito, técnico que asumió tras el polémico episodio con Iker Muniain —a quien se le atribuyó un problema con la visa y la imposibilidad de reunir 100 mil euros para su cláusula de rescisión en Salamanca—, pidió “tiempo” para trabajar. Sin embargo, San Lorenzo ya perdió tres de los cuatro partidos disputados en el Torneo Clausura, incluido un encuentro clave ante Huracán, que no ganaba en el Nuevo Gasómetro desde hacía 25 años. Tiempo y paciencia son recursos escasos en un club de esta envergadura.
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